El uso simbólico de las piedras es tan antiguo como la escritura. Los egipcios molían lapislázuli para los párpados de Tutankamón, los romanos llevaban ámbar contra el mal de ojo, y en la Edad Media los lapidarios — tratados que enumeraban piedra por piedra virtudes y peligros — circulaban en las bibliotecas monásticas junto a los herbarios. La Naturalis Historia de Plinio dedica un libro entero a las gemas y a las propiedades que se les atribuían.
Esta enciclopedia reúne las piedras en seis familias — amor, protección, energía, sanación, espiritualidad, claridad — porque así las agrupa la litoterapia moderna. De cada una encontrarás el chakra y el elemento asociados, las piedras que la tradición considera compatibles, las que conviene no combinar, y el modo de purificación recomendado: algunas se disuelven en sal, otras se decoloran al sol, y vale la pena saberlo antes.
Lo que lees aquí es tradición simbólica, no medicina: ninguna piedra cura una enfermedad y nada de esto sustituye a un médico. Queda sin embargo un hecho interesante: sostener un objeto pequeño, frío y pesado mientras se piensa en un problema ayuda de verdad a concentrarse. El cristal no hace el trabajo por ti: le da a tu atención algo en lo que apoyarse.